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  • Francisco Iruela

Hostilidad según la Psicología de Constructos Personales

Actualizado: jul 1

George Kelly, creador de este modelo psicológico, pensaba que lo que más deseamos en la vida es la confirmación de nuestro sistema mental (que él llamaba sistema de constructos personales). En nuestras experiencias se pone en juego nuestro sistema mental, el cual trabaja para realizar predicciones sobre lo que sucederá. A este proceso lo llama anticipación. Mediante la anticipación se genera la validación o invalidación de nuestro sistema de constructos personales.


Si no podemos predecir nuevos eventos, se invalida nuestra visión. En condiciones no patológicas, cuando nos equivocamos, tendemos a reexaminar nuestro sistema mental, adecuándolo a nuevas situaciones. Comprobamos cuál ha sido nuestra falta de precisión, qué datos no hemos tenido en cuenta, incorporando la información nueva, para realizar predicciones más funcionales.


¿Qué pasa entonces cuando no reajustamos nuestro sistema de construcción mental? ¿Cuándo nuestras verdades no son las verdades de los demás? ¿Cuándo no podemos soportar las afirmaciones de los demás? ¿Cuándo creemos que tenemos la razón y con rotundidad pensamos que los demás están equivocados? Entonces la invalidación es nuclear y afecta a nuestra identidad psicológica, lo cual reduce drásticamente nuestra autoestima.


Aquí es cuando entra en juego la hostilidad. La definición de Kelly es:


“Un último recurso, el esfuerzo de obtener validación en el dominio de las relaciones interpersonales mediante la extorsión”. Esta extorsión de la que habla el autor puede ser hacia uno mismo o hacia los demás. En los casos más graves, hablamos de suicidio o asesinato. Pues bien como sigue Kelly, “no es el deseo de causar daño a alguien, pues el daño es circunstancial”, sino de validar el sistema de constructos personales, lo cual permite mantener un mínimo de autoestima, de identidad. Mediante la hostilidad, lo que pretende decir la persona que la realiza es: “¿has visto? ¡Te voy a demostrar que estás equivocado y que yo tengo razón!”. La hostilidad no solo es individual, también puede extenderse a grupos de poblaciones diana. Terribles ejemplos son el terrorismo yihadista y los tiroteos indiscriminados en los institutos de Columbine y de Parkland en EEUU, así como el atentado y tiroteo realizado por Breivik. Se trata de actos que pretenden dar “una lección”, pero siempre bajo la necesidad de confirmar la construcción mental de la persona que ejerce la hostilidad, a pesar de la evidencia en contra. Para quien realiza la hostilidad en su mayor gravedad, son los demás los equivocados, quienes no poseen ideas claras. Entonces se utiliza como instrumento la agresión, asesinato, intento autolítico o suicidio como forma de "demostrar" que se tiene una construcción mental que es la "verdadera".


Para ejemplificar la hostilidad con más detalle, hablaré sobre dos casos: un suicidio y un asesinato. Sirva de advertencia que el proceso de hostilidad no puede explicar totalmente los dos ejemplos extremos que se analizan. Cuando Kelly explicó este mecanismo no tenía la ambición de dar una respuesta completa a manifestaciones tan complejas. Es una explicación psicológica complementaria a otras.



Hostilidad en el suicidio:


Mercedes Grabowski, quien trabajaba como actriz de películas para adultos con el nombre de August Ames, se suicidó el 5 de diciembre de 2017. Tenía 23 años. Días anteriores al desenlace, rechazó realizar escenas sexuales con un actor gay. Fue duramente criticada en las redes sociales, muchas personas la llamaron “homófoba”. En uno de sus últimos tweets dijo: “No es homofobia. La mayoría de chicas no graban con hombres que han hecho porno gay por seguridad. Así es como lo hago yo. No quiero poner mi cuerpo en riesgo, no conozco lo que ellos hacen en sus vidas privadas”. Siguieron criticando su decisión por esta red social. El último comentario que publicó fue: “fuck y´all”, que se puede traducir como “que os follen”. Pocas horas después se suicidó en su casa de California.


¿Qué explicación podía darse para que sucumbiera a estos cibertrolls y atentar contra su propia vida? La pista la da su último mensaje: “fuck y´all”.


Es decir, el razonamiento podría ser el siguiente: “como no puedo haceros entrar en razón, como no puedo convenceros de que no haré las escenas con esta persona gay, no por odio a esta orientación sexual, sino por mi autocuidado sexual, me quito la vida, para que os lamentéis y veáis cuán equivocados estáis en vuestro juicio”. En este caso extremo, su sistema de constructos personales, lo que ella pensaba y sentía, era más importante que su propia vida.


Hostilidad en el asesinato:


El trompetista Lee Morgan fue asesinado el 19 de febrero de 1972, por su pareja Helen, mientras aquel actuaba en un club llamado Slug´s Saloon. El relato de la relación que mantenían así como el trágico desenlace se encuentra en el fantástico documental “I called Him Morgan”, disponible en Netflix. Esa noche, Helen acudió a ver la actuación del trompetista. Ella hacía algunos meses que sabía que Lee Morgan tenía una amante. Y que había una gran probabilidad de que ella pudiera estar esa noche, viéndole tocar. Pero aun así quiso comprobar si su amante estaría. Confirmó sus sospechas. En una de las pausas de la banda, Helen comenzó a discutir con Lee, acerca de esta mujer. Tras un forcejeo, Lee expulsó del local a Helen, en pleno invierno, sin abrigo. Esto supuso una invalidación total de su sistema mental. ¿Qué podía hacer ella, revisar su experiencia, de cómo concebía la situación, separarse y elaborar la pérdida rehaciendo su vida o vengarse? Helen tenía una pistola que le regaló el mismo trompetista. Optó por dispararle. Era otra forma de decirle: “has cometido un gran error y como no te puedo convencer, como me has echado del club, nevando, sin chaqueta, te haré ver lo equivocado que estás”. En las grabaciones del documental, Helen, al hablar del suceso, no entendía cómo pudo hacerlo, pues afirmaba estar enamorada de él. Es una característica de la hostilidad: es automática y por tanto inconsciente. Si hubiera consciencia sobre el proceso por el que se desencadena la hostilidad contra uno mismo o contra los demás, se gestionaría de una forma menos dañina.


Conclusiones:


Aunque se ha ejemplificado la hostilidad a través del suicidio y el asesinato, no puede reducirse a estos fenómenos. Como se ha podido ver, no es sinónimo de violencia. Son los ejemplos más extremos, de cómo “una verdad” a nivel psicológico, para ciertas personas o grupos, bajo ciertas condiciones, está por encima de la vida. Ninguna “verdad” justifica éticamente el asesinato o el suicidio. G. Kelly solo ofrece una comprensión psicológica que no moral.


Nadie a lo largo de su vida está a salvo del proceso de hostilidad. Afortunadamente, para la mayoría de nosotros, la hostilidad es puntual y no atenta contra los demás y/o nosotros mismos de una manera dramática. Suele expresarse en discusiones, dando portazos, golpeando objetos, etc. No olvidemos que la hostilidad, también sirve para mantener un mínimo de autoestima, cuando no es viable para la persona otra opción, cuando no puede comprobar y modificar la construcción de sí mismo y de los otros.


En terapia se pueden presentar muchos procesos hostiles a través del discurso del paciente. Es tarea del terapeuta, evaluar el grado de hostilidad y fomentar a través de diversas preguntas y reflexiones, cómo se ha dado dicho proceso. Hay que prestar mucha atención al lenguaje de la persona que consulta, pues a menudo llaman al proceso hostil, “pataletas”, “explosiones”, “autodestrucción”, “poner a la gente en su sitio”, etc. Las consecuencias negativas del proceso hostil nos brindan la oportunidad de explicitar los elementos que se han activado, pues es frecuente el sentimiento de culpa por el daño generado ya sea a uno mismo y/o a los demás.


Para saber más sobre hostilidad:

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